
Lo que el cristiano actual
necesita saber
sobre el Nuevo Testamento griego
Por G. W. Anderson
Lo que el cristiano actual necesita
saber sobre el Nuevo
Testamento griego
Por G. W. Anderson
SOCIEDAD BÍBLICA TRINITARIA
En años recientes ha habido mucha confusión con respecto a las traducciones y
ediciones
modernas del Nuevo Testamento griego. Algunas personas hacen afirmaciones con
respecto al Nuevo Testamento griego sin contar con información ni hechos que las
respalden. Mucha gente afirma que sus traducciones son precisas porque se basan
en los
mejores textos griegos disponibles. Algunos dicen que sus traducciones son
mejores que
la Versión Autorizada porque la Versión Autorizada y el Textus Receptus (texto
recibido)
griego subyacente a ella añaden variantes y lecturas adicionales al texto.
Otros, sin
embargo, sostienen que el griego del Nuevo Testamento no es importante porque su
traducción favorita es mejor que cualquier texto griego. Otros aún dicen que el
texto
griego no es importante porque la mayor parte de la gente no puede leer el
griego de la
era del Nuevo Testamento. Sin embargo, el texto griego sobre el que se base una
traducción tendrá una influencia, tanto en la lectura de la Escritura por parte
del cristiano
en su devoción personal como en la proclamación de la Palabra de Dios al dar
testimonio
de la gracia salvadora de Jesucristo. Es necesario que el cristiano de hoy
entienda la
importancia del texto griego tradicional en su vida cristiana.
El Texto Tradicional
En primer lugar es necesario entender qué se quiere dar a entender con el
término “Texto
Tradicional”. Durante el primer siglo que siguió a la resurrección de Cristo,
Dios impulsó
a los hombres para escribir Su Palabra (2 Pedro 1:21). El resultado fue un
conjunto de
cartas y libros, escritos en griego koiné (llamados los “autógrafos
originales”). Estas
cartas y libros fueron copiados y vueltos a copiar a lo largo de los siglos, y
se
distribuyeron por todo el mundo. Estas copias comprenden los manuscritos del
Nuevo
Testamento. Más de 5,000 de estos manuscritos griegos han sobrevivido hasta hoy.
El
gran número de estos manuscritos griegos respalda lo que se denomina la
tradición
textual bizantina, bizantina porque provino de todo el mundo de habla griega de
esa
época. Estos manuscritos bizantinos conforman lo que se conoce como el Texto
Tradicional del Nuevo Testamento. La mejor representación impresa de este tipo
de
textos bizantinos es el Textus Receptus (o Texto Recibido). Además de los
manuscritos,
también disponemos de muchas obras en las cuales numerosos Padres de la Iglesia
citaron de los manuscritos. La obra de John Burgon ha establecido que el texto
básico
usado por muchos Padres de la Iglesia es el mismo texto que ahora se conoce como
el
Texto Bizantino.
El Textus Receptus fue compilado a partir de diversos manuscritos bizantinos por
numerosos editores desde principios del 1500. Hubo ediciones de editores
textuales tales
como Erasmo, Stephens, Beza, los hermanos Elzevir, Mill y Scrivener. Estas
ediciones
difieren ligeramente unas de otras, pero aún se las considera como el mismo
texto básico.
© 2008 SociedadBiblicaTrinitaria.org pag.3
Ciertas ediciones fueron populares en diferentes países, y proveyeron la base
para las
traducciones del Nuevo Testamento. El Textus Receptus (como más tarde se lo
llegó a
conocer) fue el texto usado por Tyndale, y a su vez por los traductores de la
Versión
Autorizada Inglesa (King James) de 1611 y otras traducciones de la época de la
Reforma.
El Texto Crítico
Sin embargo, durante los siglos diecinueve y veinte otra forma de Nuevo
Testamento
griego ha alcanzado el primer plano, y se la utiliza para la mayoría de las
traducciones
modernas del Nuevo Testamento. Este Texto Crítico, como se lo llama, difiere
ampliamente del Texto Tradicional en que omite muchas palabras, versículos y
pasajes
que se encuentran en el Texto Recibido y en las traducciones que se basan en él.
Las versiones modernas se basan principalmente en un Nuevo Testamento griego que
fue
derivado de un pequeño conjunto de manuscritos griegos del siglo cuarto en
adelante.
Dos de estos manuscritos, que muchos eruditos modernos afirman que son
superiores al
bizantino, son el manuscrito Sinaítico y el manuscrito Vaticano (ca. siglo IV).
Estos se
derivan de un tipo de texto conocido como el texto alejandrino (debido a su
origen en
Egipto); los críticos textuales Westcott y Hort hicieron referencia a este tipo
de texto
como el “Texto Neutral”. Estos dos manuscritos forman la base del Nuevo
Testamento
griego, conocido como el Texto Crítico, que ha sido ampliamente utilizado desde
fines
del siglo XIX. En años recientes ha habido un intento de mejorar este texto
mediante la
denominación de texto “ecléctico” (queriendo decir que muchos otros manuscritos
fueron
consultados en su edición y evolución), pero sigue siendo un texto cuyo
fundamento
central lo constituyen estos dos manuscritos.
Problemas en el Texto Crítico
Hay muchos problemas de omisión que caracterizan a este Nuevo Testamento griego.
Los versículos y pasajes que se encuentran en los escritos de los Padres de la
Iglesia de
alrededor del 200 al 300 d.C. están ausentes en los manuscritos del texto
alejandrino que
datan aproximadamente del 300 al 400 d.C. Además, estas primeras lecturas se
encuentran en manuscritos en existencia del 500 d.C. en adelante. Un ejemplo de
esto es
Marcos 16:9-20: este pasaje se encuentra en los escritos de Ireneo e Hipólito
del siglo II,
y aparece en casi todos los manuscritos del Evangelio de Marcos a partir del 500
d.C.
Está ausente en dos manuscritos alejandrinos, el Sinaítico y el Vaticano.
Este es apenas uno de los muchos ejemplos de este problema. Hay muchas palabras,
versículos y pasajes que han sido omitidos en las versiones modernas, pero que
se
encuentran en el texto tradicional o el bizantino del Nuevo Testamento, y por lo
tanto, en
el Textus Receptus. Según un cálculo, el Texto Crítico difiere del Textus
Receptus en
5,337 ocasiones. El manuscrito Vaticano omite 2,877 palabras en los Evangelios;
el
manuscrito Sinaítico, 3,455 palabras en los Evangelios. Estos problemas entre el
Textus
Receptus y el Texto Crítico son muy importantes para la correcta traducción e
interpretación del Nuevo Testamento. Contrariamente a lo que sostienen los
partidarios
del Texto Crítico, estas omisiones sí afectan la doctrina y la fe en la vida
cristiana.
A continuación siguen varios ejemplos de problemas doctrinales causados por las
omisiones del Texto Crítico. Esta de ninguna manera es una lista exhaustiva. El
moderno
Texto Crítico reconstruido:
• Omite la referencia al Nacimiento Virginal en Lucas 2:33
• Omite la referencia a la deidad de Cristo en 1 Timoteo 3:16
• Omite la referencia a la deidad de Cristo en Romanos 14:10 y 12
• Omite la referencia a la sangre de Cristo en Colosenses 1:14
Además, se crea un error en la Biblia en Marcos 1:2; en este pasaje en el Texto
Crítico se
presenta a Isaías como el autor del libro de Malaquías. En numerosos lugares en
el Nuevo
Testamento se omite el nombre de Jesús en el Texto Crítico; setenta veces se
omite
“Jesús” y veintinueve veces se omite “Cristo". (1)
Otro problema con el moderno Texto Crítico es que los dos principales
manuscritos sobre
los que se construye este texto, el Sinaítico y el Vaticano, difieren entre sí
unas 3,000
veces sólo en los Evangelios. De este modo, el texto alejandrino se presenta
como un tipo
de texto que se caracteriza en muchos lugares por lecturas que no son comunes a
los
manuscritos de su propia tradición. El Texto Crítico se caracteriza por una
redacción que
en el idioma original es difícil, abrupta e incluso imposible. Parece ser que
con
independencia de cuán peculiar o aberrante pueda ser la variante de lectura,
debe haber
estado en los autógrafos originales porque (como algunas veces se afirma) un
escriba
nunca haría un cambio que discrepara de otros manuscritos; en lugar de eso,
haría un
cambio que facilitara la lectura de un pasaje.
Se habla mucho de que los manuscritos alejandrinos son muy antiguos. Esto es
verdad,
pero el énfasis en el estudio de la crítica textual no debería enfocar sobre
cuán antiguo es
el manuscrito, sino sobre a cuántas copias de distancia está con respecto del
original. Un
manuscrito que ha sido fechado como copiado durante el siglo décimo puede haber
sido
el quinto en una línea de copias que se originara con el autógrafo original,
mientras que
un manuscrito fechado como copiado durante el siglo tercero podría haber sido el
centésimo en la línea de copias. Puesto que es difícil determinar la genealogía,
o la
familia de cualquier manuscrito dado, es importante tener en cuenta que la edad
es
relativa, en el sentido de que se podría tener un manuscrito corrupto del siglo
III, o un
manuscrito fiel del siglo X.
Un buen ejemplo sería suponer que, en el año 3000, se encontrara una copia de la
Biblia
inglesa que datara de la década de 1970. Supóngase que esta Biblia fuera la más
antigua
disponible, y que esta Biblia difiriera en cientos de lugares de la Biblia
utilizada por los
cristianos en el año 3000. Bien podría imaginarse a los críticos científicos,
con su
metodología, ensalzando las virtudes de la avanzada edad de esta Biblia, el
diseño de la
página y cómo revela su calidad, el cuidado de la diagramación y el papel de
este
volumen en particular, la encuadernación y así sucesivamente. Pero sus
argumentos se
vendrían abajo si, tras comenzar a traducir las Biblias a los idiomas modernos
basándose
en este antiguo libro, los cristianos descubrieran que esta versión de las
Escrituras es la
Traducción del Nuevo Mundo de los Testigos de Jehová.
Preservación providencial
Los cristianos conservadores y creyentes en la Biblia consideran que el Texto
Tradicional
del Nuevo Testamento fue preservado providencialmente por Dios. Dios prometió en
Su
Palabra que Él no solamente preservaría Su Palabra para las generaciones por
venir, sino
también que Su Palabra sería permanente y se conservaría libre de la corrupción.
Mateo 5:18 declara “Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el
cielo y la
tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas
sean
hechas”.
Isaías 59:21 dice, “Y este será mi pacto con ellos, dijo Jehová: El
Espíritu mío
que está sobre ti, y mis palabras que puse en tu boca, no faltarán de tu boca,
ni de
la boca de tu simiente, ni de la boca de la simiente de tu simiente, dijo
Jehová,
desde ahora y para siempre”.
Juan 10:35 dice “la Escritura no puede ser quebrantada”.
Estos versículos demuestran que Dios no ha dejado a Su iglesia por siglos sin
una copia
autoritativa de la Palabra de Dios, sino que el pueblo de Dios a lo largo de los
tiempos ha
copiado y vuelto a copiar con fidelidad las copias de los autógrafos originales.
La iglesia
en todo el mundo ha usado el Texto Tradicional en todas sus variadas formas, y
Dios ha
estimado conveniente multiplicar multitudes de copias y ha traído salvación a
muchas
generaciones a través de este proceso de preservación. Esta doctrina de la
preservación
providencial se declara de manera sucinta en la Confesión de Fe de Westminster,
Capítulo 1, párrafo VIII:
El Antiguo Testamento en hebreo (que era la lengua nativa del antiguo pueblo de
Dios), y
el Nuevo Testamento en griego (que en la época en que fue escrito era la lengua
más
conocida entre las naciones), al haber sido inspirados inmediatamente por Dios,
y
conservados puros a través de los siglos por su especial cuidado y providencia,
son por lo
tanto auténticos; y por esa razón, la iglesia debe apelar a ellos en última
instancia en toda
controversia religiosa.
Esta preciosa doctrina de la preservación providencial de las Escrituras ha sido
casi
olvidada por los eruditos textuales modernos. Muchos de ellos tratan la Palabra
de Dios
como simplemente cualquier otro libro que puede ser sometido a las normas
antojadizas y
cambiantes de los métodos científicos modernos. Muchas de las formas
destructivas de la
alta crítica del siglo XIX se han originado a partir de una falta de creencia de
que la
Biblia es un libro sobrenatural. La Biblia tiene las marcas de la inspiración
que pueden
ser claramente vistas por los ojos de quienes creen, pero que pueden ser
pisoteadas por
los pies de los hombres que se precipitan hacia la destrucción. Pero, a pesar de
esto, Dios
ha levantado a Su pueblo, que ama y disfruta de Su Palabra, y que reconoce las
marcas de
la inspiración que los primeros creyentes reconocieron, y que estas copias
transmitidas a
través de los tiempos representan bien lo que Dios quería que fuera a usarse.
Esto no
significa que cualquier edición impresa actual en particular del Nuevo
Testamento griego
sea perfecta, sino que lo que sí quiere decir es que el Nuevo Testamento que
tenemos hoy
es esencialmente el mismo que ha sido transmitido a lo largo de los tiempos a
través de
diversos grupos de creyentes que han amado y guardado Su Palabra.
La fuerza de esta preservación en el Antiguo Testamento se hace patente en la
calidad del
escriba que copió el hebreo del Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento esto
se ve
en la abundancia de manuscritos que poseemos hoy. Este ha sido el método de Dios
para
mantener pura Su Palabra. Esta preservación determina que ningún texto local,
tal como
el de Alejandría, Egipto, llegue a ser el texto dominante. Hicieron falta el
liberalismo y la
incredulidad para cuestionar este proceso de preservación. Nunca se ha probado
que estos
pocos manuscritos alejandrinos existieran alguna vez fuera de Alejandría,
Egipto.
Muchos de los del pueblo de Dios en todo el mundo rechazan el Texto Crítico en
todas
sus formas. La aplicación práctica de la preservación providencial es que hoy el
creyente
debe optar por un texto moderno reconstruido basado esencialmente en dos
manuscritos
del siglo IV, que omite la deidad de Cristo en muchos lugares y que algunos
estiman que
descarta aproximadamente 200 versículos (el equivalente de 1 y 2 Pedro), o debe
escoger
un texto que Dios ha usado a lo largo de los siglos. ¿Usamos el texto que Dios
ha
bendecido y que mejor honra y glorifica al Señor Jesús, o no?
Las ediciones impresas del Nuevo Testamento griego publicadas durante los años
1500 y
1600 fueron producidas por hombres que entendían qué significaba la gloria de
Dios y la
importancia de tener copias precisas de la Biblia. Desde la obra conocida como
la
Políglota Complutense hasta las diversas ediciones de Erasmo, a las cuatro
ediciones de
Robert Stephens (la más conocida de las cuales es el texto de 1550 y que es la
base para
lo que se denomina el Interlineal Berry o el Nuevo Testamento griego para los
ingleses),
a la obra del gran crítico Teodoro Beza en sus cinco ediciones, a las ediciones
de los
hermanos Elzevir en 1624 y 1633, y finalmente a la obra de F. H. A. Scrivener en
las
décadas de 1870 y 1880, tenemos estudios académicos en crítica textual y la
actitud más
fiel y cuidadosa hacia los manuscritos que pueda imaginarse. El Texto
Tradicional del
Nuevo Testamento fue el texto del período de la Reforma, de manera que, ya fuese
la
obra de Erasmo o de Stephens, la propia traducción de Lutero o la de sus
herederos de la
Reforma, como los Teólogos de Westminster y los traductores de la Versión
Autorizada
en inglés, este texto ha sido ampliamente usado y enormemente bendecido por
Dios.
La responsabilidad de los creyentes hoy
El crítico textual J. Harold Greenlee ha dicho: “Por lo tanto, la crítica
textual del Nuevo
Testamento es el estudio bíblico básico, un prerrequisito para todo el otro
trabajo bíblico
y teológico”.(2) No se trata de una exageración con respecto a la importancia de
este
asunto. Como creyentes tenemos la responsabilidad, en nuestro tiempo y época, de
proclamar el Evangelio, el Evangelio puro, el Evangelio no diluido. También
tenemos el
derecho y privilegio de ser los siguientes en la línea de proteger la Palabra de
Dios y
proclamarla. Cada cristiano individual decidirá sobre este tema, de cuál texto
es el
correcto. Sin lugar a dudas esta decisión será tomada, consciente o
inconscientemente,
por cada uno de los cristianos. Esta decisión se toma cuando el creyente decide
qué
edición de la Biblia usará para leer y estudiar, y si escoge una traducción
basada en
manuscritos corruptos que reflejan opiniones que omiten la deidad de Cristo, Su
sangre
expiatoria, Su nacimiento virginal, entonces la decisión ha sido la de extender
este error a
la siguiente generación. Sin embargo, si el cristiano actual selecciona una
traducción de
la Palabra de Dios que está traducida del Texto Tradicional del Nuevo
Testamento, la
decisión ha sido la de continuar viendo a Dios obrar a través de Su providencia
al proveer
Su Palabra en su forma completa, no solamente para esta generación sino para
aquellas
por venir.
Véase "The Great Omission", The Quarterly Record (Londres, Inglaterra: The
Trinitarian
Bible Society, nro. 524, Julio-Septiembre 1993).
(2)
J. Harold Greenlee, Introduction to New Testament Textual Criticism (Grand
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Michigan, EE.UU.: William B. Eerdmans Publishing Co., 1964), pág. 17.
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